Hasta siempre Manolo Preciado.

Ayer, entre “quemes” varios y tontos dispares (lo de mi asesor no tiene nombre, menudo PATÁN!), no dediqué demasiadas palabras a este PERSONAJE (dicho en términos cariñosos, no despectivos) del FÚTBOL ESPAÑOL. Podría caer mejor o peor, o como dice mi estimado Adolfo, estar o no de acuerdo con lo que decía, pero es evidente que se ganó el respeto y el cariño de much@s, o de casi tod@s en este “mundillo”.
Personalmente, lo pude “conocer” más de cerca cuando entrenó al Real Murcia (cierto es que fue con más pena que gloria) y, francamente, me reí mucho con él.
En fin, descansa en paz Manolo.
Y así, es de sabios rectificar, y Manolo y Mou así lo hicieron precisamente (más debía hacerlo el segundo que el primero) en marzo, creo, de este año. A la postre, esto es fútbol. Un deporte de hombres y de caballeros. Al menos, así nos lo vendieron los ingleses, no? Un “brazzo” fuerte a toda su familia, amigos y gente.
No soy nadie para pretender ensalzar la vida de Manuel Preciado, que se ha partido en mil pedazos hoy. Pero como colega y hombre de fútbol, deseo, en este durísimo momento, enviar mi humilde mensaje de dolor a todos los suyos, a su familia, a su gente del Sporting, del Racing, del Levante y del Villarreal, club al que seguro iba a rescatar de la Segunda División; a todos los equipos en los que dejó su huella. Manolo fue siempre un rival digno, al que descubrí bien cuando se acercó a visitarnos, el pasado mes de marzo, a la Ciudad Real Madrid, en Valdebebas. Él tenía todo aquello que me gusta de las personas y de los deportistas: carácter, transparencia y valor para luchar contra los golpes, que fueron cruelmente duros en su caso. Nos ha dejado una figura del fútbol y sobre todo una persona muy especial. Todo mi ánimo y apoyo para los que le apreciaron de corazón. Mi recuerdo por él será sentido y permanente“.
(José Mourinho).

Comentarios

  1. dice

    Una gran pena. No he sido un gran defensor de su trabajo como entrenador del Sporting, pero como persona no me cabe duda de que era un grande y de esos no hay muchos.

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