La Tasquería de Javi Estévez

Su lengua …

Y, al fin, pude tachar de la lista una de las citas que llevaba mucho tiempo esperando. El sábado pasé otro de esos grandes raticos de los que voy formando mis recuerdos craneales y gustativos de la mano de Javi Estévez en “La Tasquería“.

¡Perdiz a la cazuela!

Un templo para los amantes de la casquería, sin duda. Nada más entrar te sientes como en casa, para mi, fundamental, ya sabéis. En una mesita junto a la ventana aposentamos las nalgas con ansia tras el viaje desde La Comarca y ese azogue culinario empezó a calmarse con el entrante de la casa: lengua de cerdo ibérico acompañado de unas aceitunas y de su correspondiente cerveza tirada al gusto “clavao” de un Hobbit como yo y que resultó más que indicativo de lo que nos esperaba a continuación. Nos decidimos por el menú para compartir: la elección perfecta relación calidad-precio y con el que quedas más que saciado. De hecho, como estuvimos hablando con Javi, mejor no os toméis unas cañas antes de ir y elegir esta opción porque podréis tener dificultades para terminarlo disfrutándolo como se merece.

Me ponga 8 por favor …

Sin masticar, por favor.

El primer entrante fue el “Tarro de perdiz, manzana, oloroso” … “aquí no fregamos los cacharros“, bromeamos, porque casi no queda ni el cristal del envase. Seguido de una de las bombas de la casa: “Tacomorro, encurtidos y anchoa“, simplemente espectacular y para calzarse cuatro sin pestañear. Inciso para los reticentes a escuchar la palabra “casquería”: mi acompañante decía que no era “muy de” … Salió igual de encantado que el que escribe estas líneas. Y, aunque el taco puso el listón ya muy alto, el nivel no iba a resentirse lo más mínimo en nuestros gaznates: “Carrillera sandwich” … mucho, pero mucho por no decir que no recuerde, el tiempo que hacía que una carrillera no tenía que pasarla por los molares para ingerirla. Tierno manjar que se deshacía en la boca. Deliciosa. Y faltaba la “tortilla vaga de sesos y erizo“, como para llevarte un tupper tamaño XL todos los días al trabajo. Otra combinación sabrosa y suave, al punto perfecto. De vaga, poco. Menuda preparación para el siguiente combate, ya los principales.

¡Callos TOP!

¡De vaga, nada!

Era el momento para las tarteras: la primera de arroz de morcilla y piñones que, francamente, me sorprendió por la combinación tan melosa y cremosa. No lo esperaba, es así. Pues toma, un buen ¡zás! Y que así me los den todos.

La segunda, los reyes: los callos, cuya fama ya la conocéis todos. Solo me queda reafirmar dicha fama … Ricos no, lo siguiente. Qué lástima tenerte a 380km. Además, rabiosones como deben ser unos callos, no sin antes preguntarme qué nivel de picante deseaba: “del 1 al 5?“.No quise pecar de listo y valiente a pesar de mi afición por todo lo que rabie y escogí el “4“. Exquisitos. No puedo decir más. 

natillas mango

¡Frescura justo en el momento!

Suavidad sorprendente.

Con el estómago más que saciado y satisfecho de cariño por el producto y por su modo de elaborar los platos, no podíamos dejar de probar el postre: “Mango, fresa y vainilla” y “Leche, cacao, avellanas” fueron el remate perfecto para el festín que nos dimos.

¿Sabéis esos momentos en que dejas los cubiertos, respiras, suspiras, inspiras … y sonríes? Pues qué mejor descripción que ésta para recomendaros que vayáis a comprobar el grandísimo curro que Javi Estévez realiza en su casa. A mi no me cabe duda de que volveré (más pronto que tarde) para repetir homenaje y experiencia. No os dejéis llevar por recuerdos de niñez en la que vuestras madres os presentaban el hígado a la plancha para cenar con frases clásicas como “hay que comer hierro“. No. Eliminad sabores y olores que nada tienen que ver con lo que este Chef os ofrece. No os arrepentiréis. Y si lo hacéis, podéis llamarme de todo aunque no os haga mucho caso después. Sé lo que os digo.

¡Muchísimo más que!

Todo lo demás que rodea a la cocina está al mismo nivel: personal de sala, ambiente, trato, sin ruido ni gritos y mucho cariño el que allí dentro se respira desde que pisas la puerta hasta que pisoteas el asfalto al salir.

Además, geniales casualidades encontrarme allí con gente conocida a la que espero ver muy pronto por Villarrobledo, una promesa es una promesa y lo sabes. Ese bocadito de lengua final me supo a gloria.

Poder terminar la estancia poniéndonos, algo más relajados, cara, voz y sonrisa con mi tocayo, “Quiet Man”, un regalico más. Gracias Javi por todo. Te veré en breve, dalo por hecho y, ante todo, ¡enhorabuena y muchísima suerte siempre!

Aunque, visto lo ingerido, la suerte va a ir de la mano de tu esfuerzo, cariño y dedicación. Seguro.

@disparatedeJavi

¡Sin duda!

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