La Trastienda, Murcia

Muchas ganas tenía de poder tener un hueco e ir a La Trastienda de Pablo Gonzalez Conejero en la cuarta planta de El Corte Inglés. Muchos conocidos y amigos me habían trasladado las bondades y grandezas de las tapas que este Estrella Michelín se había sacado del recetario para ofrecernos a los mortales más modestos la oportunidad de probar sabores distintos a lo que los paladares de por aquí estás acostumbrados. Pues allá que aproveché la oportunidad este viernes pasado Murcia by night.

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El yin y el yang.

Lo primero que puedo decir es lo que primero recibes. Un trato muy cordial, amable y ameno el que recibimos tanto de la chica de recepción como del camarero que nos sirvió. Empezábamos muy bien. Estos detalles que, lamentablemente, se dan por supuestos en muchos sitios no siempre son acordes con la percepción del cliente. Ojeando la carta me fue difícil elegir entre tantas tapas y “emparedados variables” que me apetecían. Finalmente, nos decidimos por probar la “archimencionada” “Ensaladilla La Trastienda“. Esas mismas voces que me habían hablado de su experiencia anterior me la recomendaron sin discusión. La afición obsesiva que tenemos los murcianos por este aperitivo está más que justificada porque me arriesgo a admitir sin pestañear que donde mejor ensaladilla rusa se hace es aquí. Ahora váis y lo cascáis. Y aquí es donde, al probarla, me pregunté si al llamarla “ensaladilla” debería quedarme con el concepto genérico … o el murciano. Si debo quedarme con el primero, el plato que probé era lo que podríamos calificar como … “correcto”, no más. Pero si, como murcianico cerril que a veces me posee, debo acoplar lo que a base de marineras llevamos grabado a fuego, el parecido de ese plato con una “ensaladilla murciana” es inexistente. Tal vez solo fue no entender el concepto.

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Y como la sal estropeó un muy buen bocado.

Una “Croqueta de gambas al ajillo” fue el segundo en pasar por nuestras bocas. Todo lo contrario a su antecesor. Ésta sí te llenaba la boca con ese otro clásico de por aquí. El tamaño de la gamba y su cocción, para mi, al pelo. Unas “Verduras con Iberico” llegó a la mesa. Como siempre digo con otra de mis neuras … “gracias por ponerme la verdura crujiente, con color y sabor”, acompañada de un fondo que le venía perfecto … pero al mezclarlo con el oro del cerdo, una bocanada salina nos llenó los carrillos. El jamón desvirtuó el plato y me hizo beber lo que me quedaba de cerveza. Una pena porque el sabor sin él e, insisto, esa verdura “al pelo”, eran cojonudos.

El “Dim Sum de pato laqueado” … a la mesa. Bien, bueno pero en nada que lo diferenciara de cualquier restaurante oriental “medio normal” donde haya podido comerlo. Me esperaba la forma Doraemon del Dim Sum y lo que encontré al abrir la vaporera fue unas “bolas chafadas” sin esa forma característica y generalizada. Me quedé algo “parao”. Hasta el momento y, aunque parezca lo contrario, no estábamos cenando “mal” ni mucho menos pero sí con algo de “bajoncillo” porque no había nada que ya hubiéramos engullido que te hiciera cruzar en silencio ruidoso esas miradas al metértelo en la boca. Y llegó un momento que esperaba y que me hizo pegarme un batacazo: “Steak Tartar de buey” … a simple vista él solito te atrapaba. La carne brillaba y esa guindilla que me pirra por encima me hizo abalanzarme hacia él y romperme la ilusión de un puñetazo de … mostaza. Absolutamente sobrepasado de ella no sería capaz de disfrutar todo lo que desprendía el picado con su color. Me jodió bastante. El “aliñador” no debió probarlo, en serio. Si al llegar aquí la cena (no olvidemos nunca que estamos hablando de “tapas”, ojo) estaba resultando “un ratico aprovechado”, estos cinco minutos se hicieron una travesía por el chasco.

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Quería los “Anime”.

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Mi deseo … mi perdición.

Pasada la ingrata sorpresa me resarcí con otro de mis vicios y que parece todo el mundo creer que es un “bocata y punto”. El “Pan Bao” que me tragué de “postre” estaba genial: todo en su punto con una carne tierna y con un grado de picante que se conjuntaba genial con la mayonesa de curry que acompañaba. Afortunadamente me hizo olvidar los trescientos segundos anteriores. Rico, rico. Mi chica pidió para finalizar un “Crep de chocolate y helado” con invasión agradecida de Nutella que, para los dulzones, va perfecto. Y en una proporción considerable. Auténtico chute.

Aunque no lo creáis no suelo cenar mucho. De hecho soy un poco mierdecilla a la hora de ingerir kilogramos de alimento a diario así que, con lo pedido, era más que suficiente para dejar saciado a una persona “normal como yo”. Tuve que rogar que me trajeran un digestivo de hierbas que, como ya estoy mayor, no me acuerdo de su nombre pero estaba sabrosón y no simplemente “corroe atascos”. Gracias por ese segundo.

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Mi postre, cojonudo.

Como dije el otro día en mi visita a Gaceta Radio, solo os cuento mis sensaciones y gustos. En líneas generales y para el tipo de cocina de la que se trata, el resultado es bastante aceptable en mi caso. Lo del steak fue una verdadera lástima. Me quedé con ganas de ir única y exclusivamente a meterme una american session con la hamburguesa y perrito que también me han recomendado. Y espero poder hacerlo.

La relación calidad-precio es absolutamente pareja a mi entender, sin duda. Y ver currárselo al “Jefe”, mola.

No resulta tan fácil ofrecer una “cocina de tapa” tan extendida en Murcia con una “carta variada y apetecible” y que, a la postre, se ejecute a nivel de no importarte volver porque sabes que “algo se te ha pasado”. Parece una estupidez pero hay varios lugares donde pareces tenerlo y el resultado es el opuesto. Aunque algunos no quieran verlo.

@disparatedeJavi

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