Gastrobloggers, cocineros enfurecidos, acólitos, foodies o gropuies … ¿Quién dice la verdad?

Hoy escribo solo para los que me conocéis porque sería difícil entender lo que digo si realmente no sabéis “de qué palo voy”. Los que solo tenéis una visión de mi parecida al título de este gilipost, dejad de llamarme “Gastrobloggero“, “crítico virtual“, “foodie” o cualquier otro término semejante y lo que de ellos se desprende hoy día, y no por desprecio sino porque, simplemente, no lo siento así … y estoy cansado y hastiado de repetirlo. Solo así podréis “leer lo que aquí tecleo”.

Un nuevo frente parece crecer en desmedida entre cocina y todo aquel que aporree una tecla. Tal vez no sea así, pero es lo único que llega. La eterna y cretina globalización que tanto gusta al humanoide de “pagar justos por pecadores“. Una contienda que parece haber llegado a un límite sin sentido donde realmente quien tiene más que perder son los profesionales.

Esto es lo que pasa cuando escribo un domingo, me pongo “dicharachero”.

Soy plenamante consciente de que muchos de esos CARADURAS, que van liberando su escaso talento para contar la verdad o ni siquiera qué sienten disfrutando o que, yendo más allá, son incapaces de disfrutar, colaboran a diario para que esa crispación crezca a cada párrafo que se cuelga en la red. Muchos son los que se venden por un lote de conservas. Muchos son los que piden y piden a cambio de unas líneas vacías de gratitud y un “gratis” en su tímpano. Es cierto. Indudable. Pero una plaga fácil de erradicar únicamente en manos de l@s cociner@s.

Son muchos los que, efectivamente, se endiosan rápidamente y se creen en el derecho de disfrutar del arte, trabajo, esfuerzo y talento gratis e impunemente de cocineros que pelean día a día. Pero también son muchos los que solo cuentan cosas, sensaciones disfrutan de la comida (o no) y pagan religiosamente su cuenta porque no tienen otro modo de entender las cosas. La libertad de ir o no a un restaurante y la libertad o no de que te gusten o no los platos que degustes. Libertad de sentir y no simplemente de un intercambio o transacción de popularidad. Libertad de escribir sin otra motivación que la de contar sentimientos a una mesa y, por supuesto, de ayudar a crecer por mucho que el orgullo no deje verlo y solo se vea un ataque personal.

Pagar justos por pecadores” es algo que poco importa a los de uno y otro bando. Al menos, a muy pocos. Porque, comensales y profesionales, no olvidemos que estúpidos que avivan la llama los hay en uno y otro bando. Los del primero ya han quedado diseccionados aquí. Es turno para los segundos. Sí, también hay acólitos de túnica integral o groupies irracionales que hacen un flaco favor a sus cocineros predilectos. El ombligo es algo con lo que nacemos todos y muy pocos se revisan de vez en cuando.

Visitas mafiosas, comentarios en redes, publicaciones que solo dejan ver tus nalgas al viento y muy poca objetividad y cariño por eso con lo que se llenan los carrillos: “gastronomía“. Incluso hay ciertos profesionales que acuden a esos mercenarios aprovechados para crecer en la red o aprovecharse de esa fe ciega para mandar recaditos al del fogón de al lado. Sí, comensales y profesionales, también hay “interesados” en el gremio. Tal vez por su falta de talento, tal vez por su ansia de ir rápido. Tal vez, simplemente, por ser humano. No sé, pero los hay. Como siempre, la escasez de división.

Dos bandos enfrentados por una pelea que ambos han contribuido a crear. Lo más fácil es echarle la culpa al otro. Siempre lo ha sido. “Pagar justos por pecadores“, el daño colateral. La solución en manos de los profesionales a los que admiro. No tengo duda. El olvido es el peor de los castigos para toda esa caterva de “aprovechaos” que se dice en mi tierra.

¡Vosotr@s, buscadores del ahorro y palmadita en la espalda, podéis seguir berreando y peleando! A los que nos gusta disfrutar y que fluyan las cosas, dejadnos a un lado. A los cocineros que no entran en esta batería de estupideces, dejadlos seguir haciéndonos disfrutar. Los jetas, dioses virtuales de medio “like” y acólitos y groupies sin objetividad alguna, por favor, dejad de atizarnos con vuestra sabiduría de cómoda rectitud. Y los escasos, espero, profesionales que acudáis a ellos, pensadlo mejor … solo me queda decir … ¡POR FAVOR!

@disparatedeJavi … un giliCrónico dispuesto a seguir disfrutando y aprendiendo. #Imprudencer

Voy a hacerme un tikka massala que me ha entrado hambre.

(Foto portada: sabrosia.com)

(no more words)

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