Renfe, una nueva indigestión

Más de 20 años utilizando la línea Murcia – Madrid. Antes lo llamaban “Talgo“. Tras pasarlo por pintura, que ni chapa, lo bautizaron como “Altaria“. Los usuarios que tenemos la enorme fortuna de disfrutar de ese amasijo de hierro decrépito preferimos llamarlo “vergüenza ajena”. Gracias Renfe por ofrecernos un caballito de hierro a precio de menú de alta cocina. Aquí, la #gilicrónica de un fin de semana degustando las bondades de un plato más que putrefacto.

Mes de julio, Murcia y una estación de tren lo más parecida a un paraje post nuclear. Y, por lo que parece, así va a seguir unos cuantos meses y meses más. Cerca de 40º a la sombra, una sala de espera climatizada con capacidad para unas 30 personas y un tren (vamos a llamarlo así para no malgastar adjetivos y dejar que mi sangre vuelva a su temperatura) que llega 16 minutos tarde. El bienestar del pasajero, absolutamente sofrito, siempre lo primero para esta MERCANTIL. Hay que agradecerles su excelsa atención. Esos vagones impolutos y brillantes tras años de cuidadoso mantenimiento esperaban a los más de 100 pasajeros sudorosos que ansíaban comenzar su fin de semana. Otros tantos ya disfrutaban de los aperitivos desde Cartagena. Una vez aposentadas nuestras nalgas en esas comodísimas e impagables butacas de cine de verano, y tras un mínimo trayecto de 20 minutos, esa actualizada máquina se paraba durante otros largos 10 hasta que el metre insinuaba que, por avería en las cocinas de Renfe, deberíamos retroceder para cambiar el horno de carbón que alimenta esta maravilla de la evolución mecánica. ¿Retroceder? 5 minutos más tarde el pánico se diluía en mi salón al escuchar “problema solucionado, seguimos trayecto, disculpen las molestias”. Pero no, nada más lejos de la realidad. Albacete era el fin de trayecto y de este pequeño, indigesto y vergonzoso primer plato.

Desalojen el salón, sin por favor. ¿La solución de esta empresa para la que el bienestar del pasajero y la calidad del servicio es lo primero? Solo 70 personas accederían a un AVE que llegaba en 35 minutos. El resto, deberían esperar alegres y sonrientes a otro idéntico, pero 1h y 30 minutos más tarde. ¿Y cómo se elige a esos 70 afortunados, señor revisor, tan educado y amable?, preguntaban los estupefactos comensales. Deje de escupir a esa señora que le insiste, por favor, le espetaba un amable señor cuatro mesas más allá de la mía. Ni una solución, ni un solo atisbo de esperanza. La solución era evidente: tonto el último. A correr al andén 8 3/4 esperando poder llegar a mi destino lo antes posible y disfrutar del tacto de mi chica e hijos a los que llevaba sin ver 3 semanas. “Ojo, señores, que llegar más de 30 minutos tarde no significa que les devolvamos el dinero del billete”. Ya pasó, el trayecto de ida, ya pasó. Disfrutemos de nuestras familias y amigos y mostrémonos eternamente agradecidos a Renfe. Ponga usted la reclamación y espere su veredicto.

El fin de semana se esfumaba y llegaba el momento de volver a sentarse a la mesa “Altaria“. Pero parece que los comensales llegábamos antes de tiempo al ver a uno de los metres en mi salón a hostiazo limpio con un par de asientos a fin de encajarlos y que las columnas vertebrales de los afortunados que allí se acomodaran no sufrieran más de la cuenta durante las supuestas 4 horas que tenían por delante. No crean que disimulaba, no. Golpe tras golpe mientras que los pasajeros subían. Siglo XXI. España. Parecía que, esta vez, el servicio transcurriría sin altibajos en el menú. Que, al menos, abrazaría la corrección. Pero no. ¡Todos abajo en Albacete! ¡Otra vez! 15-20 minutos que se convirtieron en casi media hora. Casualmente, la misma vocecilla que el viernes nos advertía de que no llegaríamos en hora, nos confirmaba que llegaríamos con 50 minutos de retraso. ¡Qué casualidad! Menos de una hora que es lo que marca la normativa para la devolución íntegra del importe del billete. En este país, que una bañera metálica llegue entre 1-59 minutos tarde, entra dentro de “lo normal”. Que, 2 de 2 trenes que un infeliz como el que teclea toma, se jodan, entra dentro de lo posible o, peor aún, comprensible. Me jugaría mi inexistente fortuna a que era la misma bañera.

Gracias Renfe. Gracias por prestar a los murcianos durante más de dos décadas un servicio tan decadente, caduco y vergonzoso. Gracias por ese trato tan amable y cercano que tanto el viernes como ayer domingo nos brindaste. Gracias, de antemano, por no devolverme ni un solo euro de los 75,90 que para ustedes cuesta este gran menú degustación de emociones irracionales. Gracias. Ustedes son una parte fundamental de la #marcaEspaña de la que tanto se enorgullecen algunos. Gracias por jodernos con tanto estilo. Eternamente agradecidos por sus bromas de buen disgusto.

@disparatedeJavi

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