#PesadillaCañada

Sin tener que moverse mucho esta semana, Alberto Chicote y Pesadilla en la cocina visitaban el barrio madrileño de Lavapiés. Un restaurante asturiano, “A Cañada“, con, supuestamente, 125 años de historia y más premios que verdad: cachopo, pulpo y, la estrella de la noche, la 4ª mejor fabada metálica del mundo. Aquí, la #gilicrónica de #PesadillaCañada.

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Yo pensaba que boquerón y anchoa eran peces distintos …

Se nos presentaba a Nati, la dueña, con unos 20.000€ de gastos mensuales que nunca cubría con su comedor vacío y que hacía que, como buen arrendatario español, debiera dos meses de renta de local y casa. No contemos los proveedores. Con tanto premio y un local pintón en un sitio perfecto, todos nos preguntábamos qué era lo que realmente pasaba allí. Enseguida saldríamos de dudas y, la respuesta, sería la más habitual. ¡Qué fácil ve el personal montar un restaurante! Por supuesto, para la jefa, el personal era el principal culpable de todo. La capacidad de mando nunca cuenta para ellos. Nati seguía llenándose la boca y nuestros tímpanos sobre los premios ganados. Conocíamos a la que, a priori, pareció un troll duro contra el que luchar, Begoña, la cocinera, que ya nos daba unas pinceladas de la poca organización que en el “A Cañada” había. Aunque un “me encanta cocinar pero tampoco se me da muy bien”, levantaba las primeras sospechas sobre ella. Más si, estando en un asturiano, “odiaba cocinar los cachopos”.

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¡Marketing puro! Te lo dice tu ex …

Con Beck, Alberto Chicote salía del metro y se trasladaba a la pequeña infame Asturias que tenía ante sí. Flipaba con los 125 años de historia al conocer a Nati pero ella no soltaba la prenda que luego se deshilachó. En cocina Begoña interpretaba a su estilo el temazo de Enrique Iglesias a ritmo de “si no estás, yo también TE DOY” … cachopazo crudo. La propietaria insistía al chef que el lastre eran la desidia y desinterés de los empleados. A falta de birrete, el programa pinchaba la musiquita de graduación para que la ex trabajadora de hospital siguiera contando las milongas de sus premios. ¡Y hasta se permitía el lujo de tener una tablita de followers colgada! “Ah, mira, justo detrás del mío”, aclaraba el de Carabanchel. “Si no estás, yo también TE DOY” … la comanda.

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Nati, sus gatos y su conciencia publicitaria …

“Menos el Nobel, han ganado todo”. Iván el “peruasturiano” servía los desastrosos platos que empezaban a confirmarnos (como casi siempre) qué pasaba realmente allí. Previo escanciado tembloroso de sidra cantaba como Joselito y desvelaba la mentira peor guardada del restaurante: de 125 años, mis cabrales pelaos. 1 añito y dando gracias. Con semejante bajonazo Alberto iba a seguir descubriendo detalles de realidad: unas anchoas más blandengues que los genitales de un camello, un chorizo LSD a la sidra desmigado por un perro, callos precocinados y, por supuesto, la fabada más engañifa vista en Pesadilla en la cocina con el Carmina Burana de fondo. Iván volvía a confesar con poco. La 4ª mejor fabada del mundo … de hojalata. La probatura finalizaba con un cachopo crudo al más puro estilo de Minas Morgul. Del tamaño de mi antebrazo. Banquete de trasgos. Mario Po, el oso panda pinche de Begoña, acompañaba con más temazos este concierto despreciable de cómo no cocinar.

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¡Esto es firmeza en un chorizo a la sidra!

¡A cocinas! Clásicos por doquier. Chapapote como para una boda en los fuegos y mentira tras mentira, hacían meter a Alberto la mano en la basura para ver las latas de callos y fabada. Una pillada de las que no se recuerda. Su antiguo socio, anoche en su sofá, descojonándose vilmente. Nati dejó su trabajo en el hospital (no sabemos de qué) para pedirse una excedencia de dos años y montar este local. Topicazos al canto. Y yo me sigo preguntando si su ex socio no será también su ex marido y ella montó esto por sus santos y orgullosos cachopos. “Yo pensaba que esto era mucho más fácil”. ¡Chupito! (The Drums)

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¿Que el perejil no se pica con máquina?

Comenzaba el servicio y un salmorejo típicamente norteño era el primer pedido. Cachopos crudos sin cámara de aire, marmitako de las cavernas, la grandiosa fabada, pulpo roquero con su piedra D.O. acera de Lavapiés … Alberto preguntaba por la indiferencia a la hora de que les devolvieran platos a cocina pero a “la Bego” se la pelaba. “¿Quieres que te cuente mi vida en verso?”, le espetaba a Chicote. Podría haberle cantado un temazo de los suyos. Otra mesa de 4 devuelve un plato con cebolla incomible y Nati termina por explotar amenazando con el persianazo. El de Carabanchel intentaba dialogar con la cocinera pero seguía sin tener respuesta. “¿Qué solución le habéis puesto en 7 meses a algún problema de los que habéis tenido?”. Más grillos en nuestros tímpanos. “Estáis en el terreno des … gana, ilusión, interés …”.

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Que Iván tiene tembleque para escanciar.

Momentazo de la noche. Alberto citaba a Nati, de noche, Madrid, con Sinatra de fondo … en el mercado y rodeados de ese perfume embriagador que tiene el pescado fresco y que volvería loca a cualquiera. A mi, sí. Ella, por si hacía falta, demostraba no saber ni lo que es un lenguado o boquerón (Amelie) . Pero no contento con ese primer paso, se llevaba una buena caja de boquerones ilustrando al equipo (y a buen seguro a muchos telespectadores) de uno de los errores más comunes: creer que boquerón y anchoa son dos pescados distintos. (Suede) Enseñaba como prepararlas y yo salivaba. ¿A qué te huele? A cachopo. También nos enseñaba a apalear la carne y a montar uno como un buen asturiano manda. “¿Sin palillos y sin nada?”, decía Nati. Alberto suspiraba. El resto del planeta que haya empanado una carne, también. Para el siguiente servicio metían todo su arsenal de latas en una caja que se llevaba el equipo del programa. También desempolvaba de los recuerdos las manitas de puntuación de los comensales. Ya sabemos cómo se confeccionaría el graffiti final. ¡Manos abajo!

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¡Odio cocinar cachopos! Pero las pollas en vinagre ya es otra cosa.

(Bloc Party) Iván vendía los “cachopitos” a diestro y siniestro y Mario Po nos rasgaba las retinas picando perejil a hostia limpia porque antes “lo hacía con una máquina” … ¿Con cuál? Pero el verdadero lío no se iba a montar en cocinas sino en sala, aunque Begoña pasó de dejar los cachopos listos para freir y Po ni los pasaba por huevo ni  batía éstos. Todo un “ingeniero”. Luego se declaraba animalista y no quería machacar los filetes por si “se salía el producto” a golpes. Una comensal imploraba por su queso Brie y cebolla caramelizada. Iván ya no sabía ni dónde tenía los ceviches. Alberto intentaba hacer reaccionar a Begoña pero ella, en su mundo paralelo, no aceptaba ni un “mú”. Excusa tras excusa y Po pedía un profesional. “Mariconadas, pollas en vinagre, su puta madre, a tomar por culo” … ¡qué rico el castellano! Nati amenazando con chapar de nuevo. Llantina en la calle de impotencia y desconocimiento. “Ni ellos valen ni yo tampoco” … amén.

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¡Chapamos! ¡Curramos! ¡Cachopos! ¡Anchoas!

(Ripe) En El Retiro se producía la reunión con todo el equipo para intentar tirar lante con el jueguecito de la torre de fichas. Todos menos la propia Nati parecían querer rectificar. Resopló, respiró, suspiró y se mascó la tragedia pero se decidió a seguir con el negocio. Mientras tanto, el equipo de reforma y cocina hizo su excelso trabajo lavando la cara del “A Cañada“. Un poquito de luz y color y todo parece otra cosa. Confieso que me hubiese calzado ese plato de fabada sobre el que Iván se lanzó en la cata. Aunque me hubiese costado no dormir.

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¿Quién ha dicho que el cachopo está crudo?

Último servicio, donde se demuestra si un troll puede convertirse en un elfo. Begoña, lo hizo. (Ok go) En cocina parecía todo controlado. Fue en sala donde Iván perdió el rumbo. Bego y Po funcionaron como maestro y aprendiz, a una y a su ritmo. Pero llegaban platos fríos a las mesas porque se quedaban esperando a servirlas tras el destrozo craneal que Iván se auto infligió. ¡Hasta la numeración de las mesas le pareció una escalera sinuosa imposible de escalar! Nati, tragaba sangre, pero mantenía tipo y dirección. Alberto espabilaba al disperso camarero. Begoña seguía desplegando sus ganas y orden. Finalmente terminaba un servicio como hacía tiempo no veíamos. ¡Grande por ella! Gente que rectifica y que quiere aprender, siempre merece todo. (The Strokes) Todo eran sonrisas de satisfacción.

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El huevo hay que batirlo para rebozar (escríbelo 1000 veces).

Alberto tenía una mirada como ya casi no recordábamos y todo el equipo se mostraba agradecido por esta oportunidad. Hoy día, sigue abierto el local y, teniendo en cuenta que, por lo que parece, el programa se grabó hace un par de añitos, ¡me alegro por ellos! “Por sensaciones así es por lo que sigo haciendo Pesadilla en la cocina“, decía Chicote. Por primera vez no teníamos villana/o al que querer lobotomizar un ratito y sí buena gente que puso lo que hay que poner para esa segunda oportunidad que todos merecemos. Otro día os comento qué es lo que me parecen a mi los cachopos. (Phoenix).

¡Hasta la semana que viene que tengo la quijotera acachopada!

@disparatedeJavi

(cartel by @ebarrera_)

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Mal pagado, te digo yo que esto está mal pagado …

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