Ozark, Netflix

Hace ya un tiempo uno que sabe (y mucho) de cine me recomendaba “Ozark” (Netflix) como una de las que parecían indispensables en el calendario del seriéfilo empedernido. En aquel momento no le hice mucho caso y no porque no me fiara de su excelso criterio y oficio sino por cuestión de meras prioridades y otras ficciones a medias que me interesaban en aquel momento. Hoy, tras haber finalizado la segunda temporada, puedo deciros que debería haberle hecho caso a pies puntillas. Aquí, mi #gilicrónica #SINspoilers.

Una breve gili sinopsis para el que no conozca aún a Marty y Wendy Byrde. Él, asesor financiero para un cartel de la droga. Ella, esposa desengañada que se entrega al destino del mejor modo posible, adaptándose. La serie podría haberse llamado “Byrde´s survival”. Una lucha continua entre lo que se debe hacer y lo correcto. Entre dejarse llevar o remar contra tu destino. Del perdón y la redención. De merecer o no una segunda oportunidad en la vida. De lo más podrido y escondido del ser humano. Y de, sobre todo, como si de una película de los Coen se tratara (inciso, ver #TPCoen aquí), de tomar decisiones y apechugar con ellas. De cómo se puede torcer todo con un simple chasquido de tu sino. Hay escenas que maman directamente de esos hermanos. Incluso personajes que bien podrían haber salido de su cráneo. Y de muchas más cosas que tendréis que descubrir/disfrutar vosotros solitos.

Una de las series más vertiginosas que he visto últimamente tras Peaky Blinders. En cada uno de los 20 episodios que componen las dos temporadas de este nuevo éxito de Netflix, la sucesión de problema-solución-nuevo problema es imparable. Si algún loco quisiera hacer una lista con los problemas, de mayor o menor envergadura, que el matrimonio Byrde soluciona os aseguro que le faltaba agenda.

Maravilloso el casting con un Jason Bateman como epicentro de la historia. El primo aventajado de nuestro querido y odiado a partes iguales, Walter White. Y, por lo que veo, las comparaciones, que siempre son odiosas, no tardaron en llegar. Porque pocas veces se hacen con energía positiva sino para desmerecer a una u otra parte. Yo, como me encanta el cine, adoro las buenas series y soy así de fácil, me quedo con las dos sin pestañear y sin quitarle un gramo de mérito a Ozark. Todo lo contrario. Laura Linney evoluciona al mismo ritmo de su personaje. Pasamos de esa media mueca y mirada que le acompaña desde la escuela y que le sirve para triturar una escena tras otra a una geométrica y maravillosa interpretación a cada episodio que finalizas. ¿Y qué decir de Julia Garner en su papel de Ruth? ¿O de Peter Mullan como Jacob Snell tras su participación en otro de los últimos exitazos de la pequeña pantalla como West World? ¿Cómo no amar a Buddy (Harris Yulin)? Y asquearse con otros que desfilan por aquellos lagos.

Un consejo, fijaos siempre en el jeroglífico del inicio de cada episodio. Yo no lo hice hasta mitad de primera temporada y es un friki detalle que mola mucho. Una especie de spoiler de lo que os espera en los siguientes 60 minutos.

Y ya os estoy contando demasiado. Hoy día el catálogo de series (y buenas series) es como el estante de cervezas de un gran supermercado. Nunca sabes cuál escoger ese día que te apetece probar una marca distinta. Pero creo que estamos ante una serie de trago fácil, sabor diverso y más que satisfactorio tacto en retina y mente.

Deseando saber si volveré a Missouri con los Byrde en una tercera temporada. Eso sí, ahora conozco la localización donde transcurre la también tercera entrega de True Detective (enero 2019).

@disparatedeJavi

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“El dinero no es sinónimo de tranquilidad. No es sinónimo de felicidad. El dinero es, en esencia, el resultado de nuestras elecciones”.

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